La inflación, un bumerán que nos consume

La madre está desesperada porque ya no sabe cómo componer el rompecabezas diario de proveer la merienda para la escuela. Panes, refrescos, queso… son tan difíciles de encontrar, que cuando te los topas, la mayoría ha variado el precio desde la última vez que lo adquirió. Ya no importa si se “aprieta el cinturón” o no, en aras de completar ese ligero refrigerio que le proporcionará energías al pequeño hasta volver a casa.

La madre apenas tiene tiempo o fuerzas para hacer la cola interminable que desde las 5 de la mañana o antes organizan en la panadería del barrio. Ya ha agotado todas las alternativas posibles de torticas, refrescos de “polvitos”, jugos naturales (cuando aparecen las frutas en un país tropical, ¿qué paradoja, verdad?) La cuenta sigue en números rojos y no da. “No juega la lista con el billete”, parafrasea aquel refrán popular. Los precios suben en espiral y los montos reales de los productos están siendo inalcanzables para la población.

De un día a otro todo cambia. La peluquera, el carretillero, la manicura, el zapatero, el timbirichi, todos, como si se hubiesen puesto de acuerdo, suman 10, 20, 50 y hasta 100 pesos a la cifra original del servicio o el producto, aun cuando la mercancía sea la misma de ayer, antier, o la semana pasada. Todo ello como consecuencia directa de la inflación a la cual nos asomamos ahora mismo en Cuba, un efecto bumerán de la continua devaluación de la moneda nacional.

A la falta de producción de alimentos, la escasa o nula oferta en el mercado nacional, la formación de precios arbitrariamente por la mayoría de las empresas comercializadoras…, se le suma la especulación en el mercado informal, a partir de la importación de artículos inexistentes en las tiendas.

Por supuesto que no desconozco y aplaudo la flexibilización de importaciones por personas naturales, pues en la mayoría de los casos llegaron para solventar algunas insatisfacciones comerciales, a contrapelo del agujero en el bolsillo cada vez más grande y doloroso.

Por otra parte, el nuevo mercado cambiario y la comercialización de divisas que aparecían como ese halo de esperanza que enrumbaría nuestra economía famélica, ha ocasionado, a mi entender, el efecto contrario a lo que se planificó. Las buenas intenciones de la teoría no han funcionado en la práctica.

Además, la poca capacidad de venta de divisas por parte de las CADECAS y la alta demanda de la población generó una comercialización paralela en el mercado informal, que elevó su precio hasta 200 CUP, la cifra más alarmante desde que se implementara la medida.

“Las medidas aplicadas hasta ahora para contener la inflación en el país han tenido un alcance limitado”, reconocía el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández al intervenir en el noveno periodo ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) en su novena legislatura.

Los diferentes espacios dedicados a la compra-venta de productos y servicios en redes sociales, ahora mismo organizan la lógica comercial nacional, imponiéndose incluso a las entidades encargadas de regular, controlar y fiscalizar los precios, con medidas que realmente favorezcan a la población.

Es un secreto a voces que desde el underground se mueve la economía en Cuba. Coleros, revendedores, personas que venden “puestos”, gente de “buena voluntad” que aparece jaba en mano para ofrecerte lo adquirido “un poquito más caro”… constituyen el día a día en las calles del país.

No poseo la barita mágica ni la fórmula perfecta para reordenar tales entuertos, pero sí estoy convencida de que existen muchas “fisuras” en las entidades por donde se “escapan” los productos destinados a la población, o de donde sale todo lo que se mueve en el mercado informal.

“Hay asuntos que no se van a resolver desde un nivel nacional (…)- expresó recientemente el primer ministro de Cuba Manuel Marrero Cruz, en un intercambio de la máxima dirección del país con gobernantes e intendentes.

“La receta tiene que ser local y ajustada a las características de cada territorio”, concluyó.

La fórmula incluye el control, halar del hilo de la madeja, pero profundizar en serio, no quedarnos en la epidermis. Además de imponerles multas a los revendedores hay que investigar de dónde salen las mercancías, porque quienes revenden constituyen el último eslabón de la cadena. Detrás de cada venta en Revolico hay un directivo o un almacenero corrupto.

Ni el Partido ni el Gobierno pueden estar al margen de las problemáticas que están sucediendo en la sociedad, por lo tanto, no podemos ser contemplativos y no podemos tener inmovilidad en la actuación ante escenarios sumamente complejos”, reconoció Miguel Díaz-Canel, en el más reciente Consejo de Ministros donde se presentó un abarcador documento con directivas generales dirigidas a la prevención y el enfrentamiento al delito, la corrupción, las ilegalidades y las indisciplinas sociales.

Y a ese gran rompecabezas le faltan piezas también prioritarias para esa madre y su familia. Ya no hace la lista de la compra, porque ahora mismo se debate en componer el acertijo diario de armar la merienda del menor.

2 comentarios en «La inflación, un bumerán que nos consume»

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