Compras, luego existes

Al comenzar la Tarea Ordenamiento, cuando quien escribe se sentía orgulloso de sus 5 mil 500 pesos mensuales de sueldo, pude darme algunos “lujos”, como por ejemplo comprar en el mercado informal, por espacio de algunos meses, moneda libremente convertible.

Eran los tiempos de 1×60 y logré hacerme, cada mes, de unos 30, cuya suma mensual me dio incluso para darle el golpe de gracia a uno de los artículos electrodomésticos ofertados en nuestras tiendas recaudadoras de divisas, entonces bastante menos costosos que en la actualidad.

Luego llegó la época del 1×90 y la compra se redujo a unos diez mensuales.

Estoico, incluso cuando permaneció a 100 siempre adquiría cinco o seis para aquellos productos no agenciados por otras vías.

Pero una mañana la MLC rebasó los cien, trepó más tarde a 110 y del 4 de agosto de 2022, a un día antes de anunciar el inicio de las ventas en Cadeca, el asunto andaba por los 140 pesos o más.

Aunque poco sé de economía (de eso se ocupa en nuestras páginas el experto Andrés Martínez Ravelo), siempre me pareció algo sospechoso aquellos disparos, en ocasiones sin real fundamento, pero que en la práctica detonaban en efecto dominó el sistema de precios de la nación. Todo subía porque la MLC ascendía.

La venta ilegal de divisa no va a desaparecer en Cuba, pero la buena nueva dada este martes representa al menos un espaldarazo para los ciudadanos en función de hacernos por la vía estatal de algún muy discreto nivel de euros, cuando haga falta y le resulte posible al bolsillo. Estos u otra moneda que pueda pasarse a la tarjeta, pues el dólar sabemos no es posible por razones del bloqueo.

El éxito de esta medida, a mi modo de ver, depende del nivel de operaciones de Cadeca y de la existencia diaria de moneda libremente convertible en dichos establecimientos. De lo contrario, nada se haría con que a las pocas horas de abrir el local no quedase nada para vender, pues ahí estaríamos en las mismas.

Cual fuere el caso, el hecho es que el inicio de la venta en divisas, como parte de la ineludible conformación del mercado cambiario, supone un aliciente que además debe actuar en tanto dique de contención hacia aumentos potenciales del mercado informal. Al menos es cuanto dicta la lógica mercantil.

Tener una tarjeta MLC y adquirir ocasionalmente alguno de los productos tributados en su sistema de tiendas resulta esencial para la población.

Esperemos que la nueva medida encuentre el abono debido, que no tienda a estancarse como otras conocidas y que los ciudadanos nacionales puedan comprar, con sus pesos cubanos, la divisa imprescindible para hallar allí cuanto no se encuentra en otros nichos.

Comprar o no comprar, ahí está el nuevo dilema shakesperiano; a sabiendas de que no hacerlo no implicaría a la renuncia a un supuesto acto material sino más bien a una acción de supervivencia.

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